jueves, 8 de diciembre de 2016

Vida en Marte: de lomas y albuferas

La costa ecuatorial americana, atlántica o pacífica, por definición caliente, exuberante biológicamente y pluvial, tiene una muy notable excepción. Verse frente a un frío mar que ordena la inanición del viento tropical, y estar al pie de la muralla de los Andes que le hace desconocer los húmedos y cálidos vientos amazónicos, son factores que hacen de esta excepción el verdadero “Campo de Marte” en pleno paraíso tropical. Del planeta verde de la costa de México a Ecuador (y ni qué decir de la costa de Brasil), se pasa al planeta muerto de la costa del Perú. Exceptuando su extremo norte (Tumbes), precisamente porque aquellos factores se invierten, la costa peruana preside el club de los lugares más secos de la Tierra, junto con Atacama (que es de hecho su continuación en Chile). ¿Requisito para la presidencia? Nihilismo hídrico ejemplar. Y si no hay agua, no hay vida.

Lomas de Lachay. Así inicia la trocha hacia Lachay en la Panamericana Norte km. 105: paisaje desértico total.

El cuasi efecto invernadero que producen el mar frío de Humboldt y los Andes, que consiste en una coraza plana de niebla (no verdaderas nubes) que deja sin sol y sin viento a ésta costa, hace de la lluvia algo consecuentemente escaso o bien ausente. Suelo extremadamente pobre en sustancias orgánicas, arena y tierra muerta es el sustrato costero, creando un paisaje aburrido y plano afectivamente, por comparación con las montañas nevadas o la verde selva. Qué duda cabe que el Perú es un territorio de dramáticos contrastes. Aunque, ciertamente, el desierto costero es un psicópata de la biosfera con encanto propio. Y tiene uno muy especial, más allá de la interrupción de los escuálidos valles que bajan de los Andes y cortan el desierto. Es que algo ocurre. Una excepción dentro de la excepción.


Lomas de Lachay. Aún antes que encuentre las primeras herbáceas, tengo un encuentro cercano con un búho de orejas cortas (:o) (Asio flammeus, ver aquí información de la especie.)

Lomas de Lachay. ¡Asio flammeus!

Veamos. La misma niebla paralizante va hacer que el desierto, en secreto, alumbre vida: en específicas y pequeñas zonas, toda el agua presa en la niebla va a preñar la arena y ésta parirá en el Campo de Marte algas, hongos, plantas, y animales… y por supuesto, al hombre, quien, para variar, viene en último término a ser la mayor amenaza del paraíso. En términos de cosmovisión andina, el Apu (agua, en forma de altísima humedad) se une a la Pachamama (arena, roca), y ambos, envueltos en una pasión tal por lo ocasional del encuentro, engendrarán auténticos oasis de vida en el desierto. Creo que en esto no cuentan las albuferas (p.ej. Medio Mundo ver web, Paraíso) por ser semi-artificiales, ni las lagunas naturales (p.ej. Pantanos de Villa) que son masas de agua perennes.

Lomas de Lachay. Portulacaceae: ¿Calandrinia sp.? ¿Cistanthe sp.? Primeras herbáceas en aparecer.

Lomas de Lachay. Caesalpinia espinosa. En lo que se convierte el desierto...

En términos científicos: las sucesivas elevaciones geomorfológicas (lomas, cerros) que emergen en la llanura desértica, que son las estribaciones andinas (muchas veces consistentes en grandes superficies de roca granítica expuesta y formando relieves pronunciados), llegan a encontrarse con el techo de niebla (de mayo a octubre) entre los 0 y 1000 m. de altura, lo que conduce a la condensación del vapor de agua en micro-gotas sobre la superficie. El resultado es un automático sistema hídrico, pero que no es lluvia, sobre las rocas, entre ellas, y que penetra en la arena, propiciando así la proliferación de la vida. Esta maravilla del desierto se llama ‘loma’. Terminada la temporada de niebla, desaparecen estas condiciones y la zona vuelve a ser básicamente desértica.

Lomas de Lachay. Colorida prueba de la elevada humedad: Basidiomycota sobre un tronco caído.

Lomas de Lachay. Argiope argentata.

Lomas de Lachay. Commelina fasciculata (flor).

La loma es tan inusual en el paisaje marciano costero peruano-chileno, ya de por sí extraño en el jardín ecuatorial, que es de hecho una micro-ecorregión dentro del desierto, y que por derecho propio nos devuelve al trópico, por lo menos unos meses al año. Laderas enteras, siempre las que miran al mar, se cubren de un exuberante manto de hierbas con flores, arbustos, e incluso semi-bosques. Los troncos de los árboles conforman estructuras naturales que retienen más aún la humedad, abundando sobre estos algas, hongos y musgos, y llegando incluso a propiciar la formación de pequeñas masas de agua o ‘puquios’. Pues bien, las Lomas de Lachay (ver web), al norte de la ciudad de Lima, son las más complejas biológicamente, y de hecho a éstas corresponde toda esta descripción. Se las decretó como Reserva Nacional de Lachay en 1977.

Lomas de Lachay. Al fondo el Océano Pacífico.

Visité también las Lomas de Lúcumo (ver web), prácticamente en la ciudad de Lima misma, aunque en éstas la vegetación consiste solo en herbáceas. Ya que la ciudad está en una región de lomas, su poder destructor ha hecho retroceder a las que no solo le rodean, sino que algunas han quedado atrapadas “dentro” de la ciudad, como las Lomas de Amancaes y Villa María. Lo llamativo es que con la llegada de la niebla siempre aparecen poblaciones de musgos y herbáceas en ellas, como resistiendo desesperadamente. En realidad la loma, en sus mínimas expresiones denominadas ‘loma de Stenomesson’ y ‘loma de herbáceas’, y variando de un sitio a otro, puede ser un fenómeno común en las elevaciones costeras orientadas hacia el mar y su niebla, pero solo en algunos lugares la población vegetal es significativa.

Lomas de Lúcumo. Phasmatodea: orden de los insectos palo.

Lomas de Lúcumo. Quizás la imagen más dramática del milagro del desierto: en medio de la nada arenosa,
y aún teniendo al fondo la ciudad avanzando, esta delicada planta florece.

Las Lomas de Lachay han sido depredadas desde tiempos prehispánicos, pero con la llegada del ganado europeo, fueron usadas como área de pastoreo, lo que mermó su cobertura vegetal y alejó a la fauna que ésta atrae. De hecho, la población que hoy se observa de árboles, como la tara y el mito, prosperan con dificultad. Y en cuanto a los grandes mamíferos, además de los invertebrados, se ha vuelto difícil ver venados y menos aún pumas, habitantes que deberían descender de los Andes atraídos por el oasis biológico que crea la loma. ¡Al menos pude ver un furtivo zorro cruzar un sendero! Unos veinte metros delante de mí. Aunque el turismo significa un ingreso económico para su mantenimiento, al parecer es inevitable el impacto negativo que éste causa en las Lomas de Lachay, por lo que cualquier labor conservacionista, y no meramente turística, es fundamental y loable.

Albufera Medio Mundo: vista panorámica desde el sureste.

Albufera Medio Mundo: aves.

Albufera Medio Mundo. Aunque no se trata de una loma, ni es de origen natural, de todos modos representa otro tipo de oasis en el desierto costero. Aquí estos retoños arácnidos se lanzarán a conquistar su mundo.

Sí, la vida en Marte existe, y la tenemos aquí en la Tierra. ¡La vida en Marte resiste! Y la tenemos que conservar.







Lomas de Lachay en Flickr.

Lomas de Lúcumo en Flickr.

Albufera Medio Mundo en Flickr.