jueves, 1 de mayo de 2014

Chiquián, Aquia

No es publicidad, pero en 2002 solo Cavassa se dirigía a Chiquián. Debe haber ya más empresas de transporte. En fin. Otro ignorado nacionalmente, pero conocido y reconocido internacionalmente, el sureste de Ancash hacia sus linderos con Lima y Huánuco, porque posee la segunda cordillera tropical más alta del mundo, y la segunda cumbre del Perú. Un espacio muy compacto y precioso, tanto, de tal espectacularidad (rivalizando y hasta superando paisajísticamente a la Cordillera Blanca), que necesariamente tenía que ser declarado Área Reservada, desde 2002. Compruébese lo que digo en este enlace: la combinación de profundas quebradas, cañones en pleno derecho, desde cuyo fondo montañas extremas una inmediatamente tras otra se levantan con vertiginosidad violenta, es, absolutamente, paralizante. Esta atmósfera agreste y el éxtasis resultante, sin embargo, exigen un arduo esfuerzo para ser alcanzados. A diferencia de la Cordillera Blanca, no hay acceso fácil, digamos, implementado pensando en el turista corriente. Sigue siendo un tesoro andino salvaje, puro, reservado prácticamente solo para extranjeros. Y yo aquí, repentino tomando la mano de mi estrellita del sur...

Espectacular vista satelital de la Cordillera Huayhuash (Nasa, 2008, que comenta sobre el Yerupajá: «generalmente considerado el pico más espectacular de Sudamérica»). Nótese la masa de nubes amazónicas, como siempre, atrapada por la elevada cordillera.

Huayhuash, me das los buenos días en Chiquián...

Catarata Usgor, en las inmediaciones de Chiquián.

Es casi gracioso que todo esto colinde con el Callejón de Huaylas, pero aquel estado desconocido y silvestre será pues, para el bien de su propia conservación. Efectivamente, una vez alcanzada la puna en la Meseta de Conococha, desde donde se descenderá hacia Huaraz, un desvío conduce hacia los exquisitos pueblos de Chiquián, y Aquia, en el río Pativilca. En Chiquián, no sé cómo hacer para aproximarme más a Huayshuash, que ya sedujo mis pupilas desde hace mucho, porque como decía hay que tener tiempo y dinero, y tan solo llegar cerca al Nevado Yerupajá (6634 m.), por lo menos vía Laguna Jahuacocha, toma uno o dos días, y en absoluto conviene financieramente hacerlo solo. Muy avanzada la noche anterior, de modo alucinante, había podido distinguir el brillo lejano de sus nieves, bajo una tenue luz lunar, pero suficiente para atraparme en inesperada magia. Así que me dirijo a Aquia, buscando quizás algo más accesible. Con la apariencia obvia de turista, trabo amistad con un amable lugareño, pero que sin embargo resulta encarnar la caja de pandora del turismo local. Eddy Samanez, quien se haría luego conocido por promocionar una ruta alternativa hacia Pastoruri, precisamente desde Aquia, es por completa casualidad con quien me topo. Y soy seducido, por segunda vez, esta vez respecto a visitar un sitio interesante. El mismo nombre suena enigmático: Laqlash. Pero más aún, porque no encuentro información ni fotos en ningún sitio, mas no es un invento, el lugar existe y yo estuve allí. Tendré pues la exclusiva en Panoramio y Google Earth.

Aquia: Plaza de Armas.

Laqlash (a 4050 m.s.n.m. según Google Earth), es una formación geológica que sobresale como una brillante gema anaranjada, en el terreno, en la quebrada que conduce hacia Pastoruri. Y como una gema pues, no es algo demasiado grande, pero sí sorprendente. Salió de las entrañas del suelo, y rompió interesantemente el paisaje para siempre. Infiltraciones minerales que milenariamente han formado una estructura emergente en una de las laderas de la quebrada. Cautivador, brillante, accesible. Desde Aquia, por la carretera hacia Huallanca, alcanzo Pachapaqui, y contemplo parte de la Cordillera de Huallanca, ciertamente menos misteriosa que Laqlash, y sus Puya raimondii. En un plan de regreso, nos desviamos hacia Santa Rosa de Desagüe, anexo de aproximadamente 50 casas un tanto dispersas. Tiempo de recreo, de contemplación, de intentar aprender las técnicas de interacción social en pueblos pequeños como este, donde no hay restaurantes ni alojamiento.

Santa Rosa de Desagüe.

Laqlash, primera impresión...

Siempre guiado por Eddy, por supuesto, ascendemos suavemente desde aquí por la quebrada, superando un bofedal, y tomando una quebrada secundaria hacia la derecha (la de la izquierda trepa hasta Pastoruri), nos traspasa la visión el fulgor de Laqlash. Es exactamente un detalle que cierra con broche de minerales la casi tarde. Tiempo de recreo, de tocar las geo-visceralidades expuestas, conociendo el aire. Tiempo de descubrir tonos secretos de rojo y naranja. En Santa Rosa nos espera un gratificante almuerzo (gracias a Eddy, que es conocido ya), tan delicioso como nunca probé, y sin embargo tan sencillo, compuesto de queso, papa amarilla y huevo. ¡Pero es que qué queso! Si yo mismo ordeñé la vaca (en serio, aunque no fabricaron el queso con esta leche) ¡Y qué leche! Tibia y dulce… Qué manjar de almuerzo.

Laqlash, intentando mineralizarme.

Eddy me cuenta entusiasmado sobre sus proyectos para formalizar una oferta turística de la zona, y de hecho creó el grupo Aventuraquia, del que tuve noticias, ya desde lo lejos, mediante algunos medios turísticos. Felicitaciones, abrazos, intercambios de e-mails, promesas… Conmoción. Envidia. Y al tiempo, me da gusto su vida. Son los hilos frágiles de los destinos en curso, se entrelazan, se separan, algún día vuelven a aproximarse, o no, no se puede saber... Espero que te haya ido bien todo este tiempo, amigo, gracias por descubrirme este rincón ancashino.

Laqlash y sus aguas de inquietantes colores sanguíneos.



En Flickr.
En Panoramio.

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